Villette
Villette —Tiene razón —dijo ella—. Pero, al menos, ¿podrÃa darme alguna referencia?
—Ninguna.
Preguntó por mi equipaje y le indiqué cuándo llegarÃa. Ella reflexionó. En aquel momento se oyeron unos pasos de hombre en el vestÃbulo, dirigiéndose apresuradamente hacia la puerta principal. (Proseguiré con esta parte del relato como si hubiera comprendido lo que ocurrió, pues, aunque entonces me resultó ininteligible, me lo tradujeron más adelante).
—¿Quién sale a estas horas? —preguntó madame Beck al oÃr las pisadas.
—Monsieur Paul —contestó la profesora—. Ha venido esta tarde para dar clase a las alumnas de primer curso.
—Precisamente el hombre que más deseo ver en este momento. Llámele.
La profesora corrió hacia la puerta del salón y avisó a monsieur Paul. Éste entró: un hombre menudo, delgado y moreno con anteojos.
—Mon cousin —empezó diciendo madame—. Quiero pedirle su opinión. Todos sabemos de su habilidad para conocer a las personas por su fisonomÃa; aplÃquela ahora. Lea este rostro.