Villette
Villette El hombre clavó en mà sus anteojos. Los labios apretados con decisión y el entrecejo fruncido parecÃan indicar que pensaba traspasarme con la mirada, que ningún velo serÃa capaz de ocultarle nada.
—Ya lo he leÃdo —aseguró.
—Et qu’en dites vous[25]?
—Mais, bien des choses[26] —fue su misteriosa respuesta.
—¿Buenas o malas?
—De las dos clases, sin duda —añadió el adivino.
—¿Se puede confiar en su palabra?
—¿Están ustedes tratando un asunto importante?
—Ella quiere que la contrate como criada o institutriz; nos ha relatado su historia con mucha franqueza, pero no tiene referencias.
—¿Es extranjera?
—Inglesa, como puede ver.
—¿Habla francés?
—Ni una sola palabra.
—¿Lo entiende?
—No.
—¿Podemos entonces hablar claramente en su presencia?
—Sin duda.
Volvió a clavar sus ojos en mÃ.
—¿Necesita de sus servicios?