Villette
Villette Se trataba al mismo tiempo de un internado y un colegio. Las alumnas externas eran más de cien; las internas, aproximadamente una veintena. Madame debía de poseer grandes dotes administrativas: no sólo dirigía a todas esas niñas, sino también a cuatro profesores, ocho maestros, seis criados y tres hijas, ocupándose con toda diligencia de los padres y allegados de las alumnas; y todo ello sin esfuerzo aparente, sin aspavientos, fatiga, fiebre ni cualquier otro síntoma de una agitación excesiva. Siempre estaba ocupada… ajetreada, casi nunca. Lo cierto es que madame tenía su propio sistema para manejar y organizar aquella enorme maquinaria, y este sistema era muy bueno; el lector ha visto ya un ejemplo en aquel pequeño asunto de darle la vuelta a mis bolsillos y leer mi cuaderno de notas. «Vigilancia» y «espionaje»: ésas eran sus consignas.
No obstante, madame sabía lo que era la honradez y le gustaba, siempre que no se interpusiera con sus ridículos escrúpulos en el camino de su voluntad e intereses. Respetaba l’Anglaterre, y en cuanto a les anglaises, no contrataba a mujeres de ningún otro país para cuidar a sus hijas si podía evitarlo.