Villette

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Dado que madame Beck lo dirigía todo mediante el espionaje, disponía naturalmente de un plantel de espías: conocía a la perfección la clase de herramientas que empleaba, y, aunque no tenía escrúpulos en utilizar las más sucias cuando la ocasión lo requería —deshaciéndose luego de ellas como de la cáscara de una naranja después de haberla exprimido—, yo misma comprobé lo exigente que era cuando las buscaba de metal puro para fines menos turbios; y cuando encontraba una herramienta sin tacha, la cuidaba con mimo, guardándola entre algodones. Sin embargo, pobre del hombre o la mujer que depositara en madame Beck una confianza mayor de la que ella creyera necesaria para sus intereses. El interés era la llave maestra de su naturaleza, su principal estímulo, el alfa y omega de su vida. He visto cómo apelaban a sus sentimientos, y he sonreído ante quienes lo hacían, entre compasiva y desdeñosa. Con ese proceder, nadie consiguió jamás que le escuchara o que desistiera de sus propósitos. Por el contrario, intentar conmover su corazón era el modo más seguro de despertar su antipatía y convertirla en una secreta enemiga. Para madame Beck era una prueba de que no tenía un corazón capaz de conmoverse; le recordaba dónde estaba su punto débil, dónde era impotente. Ella ejemplificaba mejor que nadie la diferencia entre caridad y misericordia. Aunque desprovista de compasión, no carecía de cierta benevolencia racional, que le permitía mostrarse generosa con personas a las que no había visto nunca, si bien más como clase que como individuos. Pour les pauvres abría con liberalidad la bolsa; para un pobre, la tenía generalmente cerrada. Siempre estaba dispuesta a participar con entusiasmo en proyectos filantrópicos que beneficiaran al conjunto de la sociedad; pero ninguna aflicción individual lograba afectarla: no había sufrimiento lo bastante grande o intenso, concentrado en una sola alma, que tuviera poder para traspasar la suya. Ni la agonía en Getsemaní, ni la muerte en el Calvario, habrían arrancado una sola lágrima a sus ojos.


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