Villette
Villette El juicioso lector no supondrá que obtuve toda la información que he condensado aquí en un mes o en medio año. ¡No! Lo que percibí al principio fue la próspera fachada de un centro escolar grande y floreciente. Tenía ante mí una mansión llena de alegres jovencitas rebosantes de salud, todas bien vestidas y, muchas de ellas, hermosas, que adquirían conocimientos gracias a un método increíblemente fácil, sin penosos esfuerzos ni un despilfarro inútil de inteligencia; quizá sin progresar muy deprisa en nada; con calma, pero siempre activas, y nunca agobiadas. Tenía ante mí un cuerpo de profesores y maestros sobre los que recaía todo el trabajo difícil, con el fin de ahorrárselo a las alumnas, si bien sus deberes estaban tan bien distribuidos que se relevaban unos a otros siempre que sus tareas resultaban excesivas. Tenía ante mí, en definitiva, un colegio extranjero cuya vida, movimiento y variedad ofrecían un total y delicioso contraste con muchas instituciones inglesas del mismo tipo.