Villette
Villette —Entonces Fifine tendrá que esperar, porque yo la necesito a usted.
Y como madame Beck me necesitaba realmente y estaba decidida a contar conmigo… como hacÃa mucho tiempo que estaba descontenta con el profesor de inglés, su falta de puntualidad y su descuidado método de enseñanza… como, por otra parte, no le faltaban resolución ni sentido práctico, tanto si yo carecÃa de ellos como si no, me obligó sin más preámbulos a dejar la aguja y el dedal, me cogió de la mano y me condujo escaleras abajo. Cuando llegamos al carré, un amplio vestÃbulo cuadrado que separaba la vivienda del pensionnat, se detuvo, me soltó la mano, se volvió hacia mà y me examinó. Yo me ruboricé, temblando de pies a cabeza; no lo anunciéis en Gat[38], pero creo que lloraba. De hecho, las dificultades que tenÃa ante mà estaban lejos de ser completamente imaginarias; algunas eran muy reales, y la más importante de todas era mi escaso dominio del medio en el que debÃa enseñar. HabÃa estudiado francés con ahÃnco desde mi llegada a Villette, poniéndolo en práctica durante el dÃa y aprendiendo la teorÃa en los momentos libres que tenÃa por la noche, hasta la hora en que las normas de la casa me obligaban a apagar la vela, pero aún estaba lejos de poder confiar en mi capacidad para expresarme correctamente.
—Dites donc —dijo madame con severidad—, vous sentez-vous réellement trop faible[39]?