Villette
Villette —Bon! Pero permÃtame decirle que aquà no se encontrará con las tranquilas y recatadas muchachas inglesas. Ce sont des Labassecouriennes, rondes, franches, brusques, et tant soit peu rebelles[40].
—Lo sé —exclamé yo—, y también sé que, a pesar de haber estudiado francés con empeño desde mi llegada, no lo domino lo suficiente para infundirles respeto. Cometeré errores que me dejarán expuesta al desdén de las alumnas más ignorantes. Pero insisto en darles la clase.
—Siempre se ensañan con los profesores tÃmidos —dijo ella.
—Eso también lo sé, madame. He oÃdo contar cómo acosaron y se rebelaron contra la señorita Turner —una pobre profesora de inglés, sin amigos, a la que madame habÃa contratado y no tardó en despedir; su lamentable historia no me era ajena.
—C’est vrai —repuso ella con frialdad—. La señorita Turner tenÃa tanta autoridad sobre ellas como un mozo de cocina. Era débil e indecisa; le faltaba tacto, inteligencia, determinación, dignidad. La señorita Turner no servÃa para manejar a estas jóvenes.
Sin responder, avancé hacia la puerta cerrada que conducÃa a las aulas.
—No espere ayuda de mà ni de ninguna otra persona —señaló madame—. PerderÃa toda credibilidad como profesora.