Villette

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🎯 ¿Cansado de los anuncios?
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No podía decirse que fuera orgullosa; a pesar de ser yo una bonne d’enfants, me habría convertido en seguida en una especie de confidente o amiga. Me importunaba con mil quejas pueriles sobre las peleas escolares y la economía doméstica: no le gustaba la cocina del país; despreciaba a cuantos la rodeaban, profesores y alumnas, porque eran extranjeros. Yo aguanté durante algún tiempo con paciencia sus improperios contra el pescado salado y los huevos duros de los viernes, sus invectivas contra la sopa, el pan, el café; pero finalmente, cansada de su insistencia, me enfadé con ella y le paré los pies, algo que debería haber hecho desde el principio, pues una buena reprimenda siempre le sentaba bien.

Me vi obligada a soportar mucho más tiempo sus peticiones de ayuda en algunas tareas. Su guardarropa, en lo que se refiere a artículos de uso externo, estaba bien surtido y era muy elegante; pero no andaba sobrada de otras prendas, y las que tenía necesitaban continuamente arreglos. Ella detestaba las labores de aguja y me traía montones de medias y otras piezas para que se las remendara. Después de contentarla varias semanas, aquello amenazó con convertirse en una carga intolerable, así que le dije claramente que se remendara su propia ropa. Ginevra rompió a llorar, y me acusó de haber dejado de ser su amiga; pero no di mi brazo a torcer, y esperé a que se le pasara el histerismo.


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