Villette
Villette A pesar de estas flaquezas y de otras que no es necesario mencionar —pero que no eran propias de un carácter exquisito o elevado—, ¡qué hermosa era! ¡Resultaba tan encantadora cuando bajaba en las soleadas mañanas de domingo, elegantemente vestida y de buen humor, con un traje de seda de color lila muy pálido, y los largos bucles rubios reposando en sus blancos hombros! Pasaba los domingos en casa de unos amigos que residÃan en la ciudad; y en seguida me dio a entender que, entre ellos, habÃa uno que estarÃa encantado de ser algo más. Adiviné por sus insinuaciones, su alegrÃa y el brillo de su mirada que era objeto de una ardiente admiración, tal vez de un verdadero amor. Ginevra llamaba «Isidore» a su pretendiente, pero me explicó que no era su verdadero nombre, sino el elegido por ella, ya que, según insinuó, el suyo no era «muy bonito». Cierta ocasión en que habÃa estado presumiendo de la vehemencia del amor de Isidore, le pregunté si ella le correspondÃa.
—Comme cela —contestó—; es muy apuesto y me ama con locura, asà que me resulta divertido. Ça suffit[51].