Villette
Villette ¿Ha olvidado el lector a la señorita Ginevra Fanshawe? En ese caso, permíteme que vuelva a presentarla como una de las florecientes alumnas de madame Beck, pues en efecto lo era. A su llegada a la rue Fossette, dos o tres días después de que yo me instalará allí súbitamente, apenas le causó extrañeza tropezarse conmigo. Debía de correr la mejor sangre por sus venas, pues jamás una duquesa se mostró tan perfecta, radical y sinceramente nonchalante[50] como ella; de la sensación de asombro, apenas podía despertarse un débil y fugaz destello en su interior. Y casi todas sus facultades parecían hallarse en un estado igualmente precario: sus simpatías y antipatías, su amor y su odio, eran tan endebles como los hilos de una telaraña; mas había algo fuerte y duradero en ella: su egoísmo.