Villette
Villette —Mi querida señora C., no tengo nada que ponerme para su fiesta de la semana que viene; tiene que prestarme un vestido de muselina, y también una ceinture bleu celeste[55], por favor… ¡es usted un ángel! ¿Lo hará?
La querida señora C. cedió al principio; pero, al descubrir que las exigencias de Ginevra aumentaban a medida que ella las satisfacÃa, no tardó en verse obligada, como todos los amigos de la señorita Fanshawe, a ofrecer resistencia a tanto abuso. Pasado algún tiempo, dejé de oÃr hablar de los regalos de la señora Cholmondeley; pero continuaron las visitas de Ginevra, y siguieron apareciendo los vestidos necesarios, además de otros muchos, pequeños y caros etcéteras: guantes, ramilletes, incluso baratijas. En contra de su costumbre, e incluso de su naturaleza (pues no era nada reservada), ocultó todo aquello durante algún tiempo; pero una noche en que iba a una gran fiesta para la que debÃa vestirse con especial esmero y elegancia, cedió a la tentación de venir a mi cuarto y exhibirse en todo su esplendor.