Villette
Villette —No. La otra noche bailé con un joven oficial que me gusta mil veces más que él. A menudo me pregunto por qué Isidore me inspira tanta frialdad, pues todo el mundo dice que es muy guapo, y otras damas lo admiran; pero, por algún motivo, me aburre: déjeme pensar por qué…
Y pareció esforzarse por reflexionar. Yo la animé a hacerlo.
—¡SÃ! —dije—. Intente aclarar el estado de sus pensamientos. Parecen muy confusos… tan caóticos como un cajón de sastre.
—Es algo asà —exclamó poco después—: Isidore es un hombre demasiado romántico y leal, y espera más de mà de lo que yo considero conveniente. Cree que soy perfecta; ve en mà maravillosas cualidades y sólidas virtudes, que nunca he tenido ni pretendo tener. Pero una no puede evitar, en su presencia, tratar de justificar su buena opinión; y es tan cansado ser modosa y hablar con sensatez… porque él está convencido de que soy sensata. Me siento mucho más cómoda con usted, mi vieja y querida cascarrabias, que adivina lo peor de mà y sabe que soy coqueta, ignorante, presumida, caprichosa, necia, egoÃsta y todas las demás lindezas que usted y yo hemos acordado que conforman mi carácter.