Villette
Villette —Todo eso está muy bien —señalé, haciendo un esfuerzo sobrehumano por conservar la gravedad y la severidad que corrÃan el riesgo de flaquear con su juguetona franqueza—, pero no cambia en absoluto ese desdichado asunto de los regalos. Empaquételos de nuevo, Ginevra, como una muchacha buena y honrada, y devuélvaselos.
—Me niego a hacerlo —contestó con firmeza.
—Entonces está usted engañando a monsieur Isidore. Al aceptar sus regalos le está dando a entender que algún dÃa recibirá su equivalente en cariño…
—Nada de eso —le interrumpió—: El placer de ver cómo los luzco es su recompensa… resulta más que suficiente para él: no es más que un burgués.
Esta frase, con su necia arrogancia, me curó por completo de la debilidad momentánea que me habÃa empujado a suavizar mi tono y mi actitud. Ella seguÃa parloteando: