Villette
Villette Lo que me sorprendió fue que el doctor John (el joven inglés había enseñado a Fifine a llamarlo así, y todos habíamos adquirido de ella esa costumbre, hasta convertirlo en un hábito; era así como le conocíamos en la rue Fossette) consintiera tácitamente en adoptar las tácticas de madame y aceptara sus manejos. Es cierto que su expresión traicionó un período de cómica duda, que lanzó un par de rápidas miradas a la madre y a la hija, y que se tomó unos momentos de reflexión, pero al final se resignó de buen humor a representar su papel en la farsa. Désirée comía como un buitre, pasaba el día y la noche saltando y brincando en la cama, fabricaba tiendas de campaña con sábanas y mantas, se repantingaba como un turco entre almohadas y cabezales, se divertía tirando los zapatos a la bonne y haciendo muecas a sus hermanas; en pocas palabras, rebosaba salud y malas intenciones, y sólo languidecía cuando el médico y mamá le hacían su visita diurna. Costara lo que costara, yo sabía que madame Beck se alegraba de tener a la niña en la cama en lugar de haciendo diabluras; pero me extrañaba que el doctor John no se cansara del asunto.