Villette
Villette Recibió a los asustados padres con suma cortesÃa y buen humor, pues nadie podÃa igualarla en, no sé si decir la posesión o la asunción de cierto rondeur et franchise de bonne femme[76], que a veces la ayudaba a lograr sus objetivos con rapidez y rotundidad, allà donde una extrema gravedad y un serio razonamiento hubieran fracasado.
—Ce pauvre docteur Jean! —exclamó, riendo y frotándose jovialmente sus pequeñas manos blancas y regordetas—. Ce cher jeune homme! La meilleure créature du monde!
Y siguió explicando cómo habÃa tenido que llamarlo para que atendiera a sus propias hijas, que se habÃan encariñado tanto con él que se llevarÃan un berrinche sólo de pensar en otro médico; cómo, después de haberle confiado a sus niñas, creyó natural confiarle a las demás, y au reste habÃa sido una medida totalmente transitoria: Blanche y Angélique tenÃan jaqueca y el doctor John les habÃa recetado un medicamento; voilà tout!