Villette
Villette Desde el principio, sentà la tentación de convertirme en una excepción a esa regla: la soledad y la penumbra del sendero me atraÃan. Durante mucho tiempo, el temor a parecer diferente me impidió acercarme; pero, poco a poco, a medida que la gente se acostumbró a mà y a mis hábitos, asà como a las peculiaridades de mi carácter —ni lo bastante singulares para interesar, ni tal vez lo bastante destacadas para ofender, pero nacidas conmigo en lo más profundo de mi ser y tan ligadas a mà como mi propia identidad—, poco a poco, empecé a frecuentar aquella estrecha vereda. Me hice jardinera de algunas pálidas flores que crecÃan entre la espesura; retiré los vestigios de pasados otoños, que escondÃan al fondo un rústico asiento. Pedà prestado a Goton, la cuisinière, un cubo de agua y un cepillo, y limpié el asiento. Madame vio cómo trabajaba y esbozó una sonrisa de aprobación: no sé si era sincera o no, pero lo parecÃa.
—Voyez-vous! —exclamó—. Comme elle est propre cette demoiselle Lucie! Vous aimez donc cette allée, meess[83]?
—Sà —respond×, es tranquilo y sombreado.