Villette
Villette El reloj de St Jean Baptiste estaba dando las nueve; el día llegaba a su fin, pero no era noche cerrada: la luna en cuarto creciente apenas servía de ayuda, pero el resplandor dorado del punto del cielo iluminado por los últimos rayos de sol, y la claridad cristalina del inmenso espacio que lo rodeaba, conservaban la luz del crepúsculo estival; incluso en mi oscuro sendero, acercándome a un hueco entre el ramaje, habría sido capaz de leer una letra pequeña. Así que no me fue difícil ver que el proyectil era una caja, una caja diminuta de marfil blanco y de colores: la tapa estaba suelta y se abrió en mis manos; en su interior había unas violetas, violetas que ocultaban un trozo de papel rosa cuidadosamente doblado, una nota en la que alguien había escrito: Pour la robe grise. Lo cierto es que yo llevaba un vestido gris.
Bien. ¿Se trataba de un billet-doux[86]? Era algo de lo que yo había oído hablar, pero que hasta entonces no había tenido el honor de ver o tocar. ¿Era esa clase de objeto lo que en aquellos instantes sujetaba entre el índice y el pulgar?