Villette
Villette Y una silueta familiar, alta y majestuosa (como la considerábamos todos en la rue Fossette), salió de la casa y avanzó a grandes zancadas entre arriates y senderos. Era un sacrilegio, ¡la intrusión de un hombre en aquel lugar, a aquellas horas!; pero él sabÃa que gozaba de ciertos privilegios, y tal vez confiaba en el amparo de la noche. Recorrió las veredas, mirando a uno y otro lado, perdido entre los arbustos, pisoteando flores y rompiendo ramas en su búsqueda; entró finalmente en el «camino prohibido». Allà me tropecé con él, como un fantasma, supongo.
—¡Doctor John! Ha aparecido lo que busca.
No preguntó quién lo habÃa encontrado, pues sus ojos perspicaces vieron el cofrecillo en mis manos.
—No la delate —dijo, mirándome como si yo fuera realmente un dragón.
—Aunque estuviera predispuesta a la traición, ¿cómo iba a delatar lo que no conozco? —respond×. Lea la nota, se dará cuenta de lo poco que revela.
«Es posible que ya la haya leÃdo», pensé; y, sin embargo, no podÃa creer que él la hubiera escrito: aquél no podÃa ser su estilo; además, era lo bastante necia para imaginar que un hombre como él no podÃa dedicarme semejantes epÃtetos. Su expresión parecÃa vindicarlo; se sulfuró y se puso rojo mientras la leÃa.
—Esto es demasiado: es cruel, es humillante —escapó de sus labios.