Villette
Villette Comprendà que era cruel cuando observé la emoción de su rostro. Independientemente de que fuera o no culpable, supe que otra persona lo era mucho más que él.
—¿Qué hará ahora? —quiso saber—. Le comunicará a madame Beck lo que ha descubierto y organizará un revuelo… un escándalo.
Pensaba que debÃa contárselo, y asà se lo dije; añadiendo que no creÃa que se produjera ningún revuelo ni escándalo: madame era demasiado prudente para armar jaleo por un asunto asà relacionado con su establecimiento.
Él siguió pensativo, con la vista clavada en el suelo. Era demasiado orgulloso y demasiado honorable para pedirme silencio sobre algo que yo tenÃa el deber de revelar. Yo deseaba hacer lo que habÃa que hacer, pero me resistÃa a acentuar su dolor o herir sus sentimientos. En ese mismo instante, Rosine se asomó a la puerta del jardÃn; no podÃa vernos, pero yo la veÃa a ella con nitidez entre los árboles: su vestido era gris, al igual que el mÃo. Esta circunstancia, unida a ciertas maniobras anteriores, me sugirió que tal vez aquel lamentable caso no fuera de mi incumbencia. Por ese motivo, dije:
—Si me asegura usted que ninguna alumna de madame Beck está implicada en el asunto, me alegrará quedarme al margen. Tome el cofrecillo, el ramillete y la nota; me sentiré muy dichosa de olvidar toda esta historia.