Villette
Villette —Quelle belle nuit! —exclamó, mirando las estrellas. La luna se habÃa ocultado tras la ancha torre de St Jean Baptiste—. Qu’il fait bon! Que l’air est frais[89]!
Y, en vez de decirme que volviera a casa, me detuvo para que paseara un poco con ella por el sendero principal. Cuando finalmente entramos juntas, se apoyó cariñosamente en mi hombro para subir las escaleras; al separarnos, me ofreció su mejilla para que la besara, y «Bon soir, ma bonne amie; dormez bien!», fue su amable despedida nocturna.