Villette
Villette El señor Home puso la mano sobre la cabeza que la niña levantaba hacia él.
—Dale un beso a Polly —dijo ella.
Él la complació. Yo deseaba que la niña rompiera a llorar histéricamente para sentirme cómoda y aliviada. Aunque resulte asombroso, apenas hizo el menor ruido: parecÃa tener lo que querÃa, todo lo que querÃa, y hallarse extasiada. Ni la expresión ni los rasgos de la criatura se parecÃan a los de su padre, y, sin embargo, era de su sangre: el espÃritu del padre habÃa llenado el de la niña, como una jarra llena la copa.
Era indiscutible que el señor Home tenÃa un dominio de sà mismo muy masculino, fueran cuales fueran sus sentimientos Ãntimos con respecto a ciertos asuntos.
—Polly —exclamó, mirando a la niña—, baja al vestÃbulo; verás el abrigo de papá sobre una silla. Mete la mano en el bolsillo y encontrarás un pañuelo. Tráemelo.