Villette
Villette Soporté varias noches lo mejor pude, y del modo más silencioso, aquella lecture pieuse; sólo en una ocasión rompí la punta de mis tijeras al clavarlas involuntariamente en la madera carcomida de la mesa que tenía delante. Pero terminé acalorándome tanto, y mis sienes, mi corazón y mi pulso latían tan deprisa, y me costaba tanto conciliar el sueño por la excitación, que no pude seguir asistiendo. La prudencia me aconsejó abandonar rápidamente el lugar en cuanto sacaran el viejo libro culpable. Ninguna Mause Headrigg sintió jamás una necesidad mayor que la mía de prestar declaración contra el sargento Bothwell[93] para dejar clara mi opinión sobre este asunto de la lecture pieuse papista. Sin embargo, conseguí dominarme y refrenar mis impulsos; y, aunque yo salía de la estancia en cuanto Rosine venía a encender las lámparas, lo hacía con muchísimo sigilo, aprovechando el pequeño alboroto que precedía al silencio sepulcral, y desaparecía mientras las alumnas internas guardaban sus libros.