Villette
Villette —Cette enfant a toujours un peu de fièvre —y, lanzándome con sus tranquilos ojos una mirada más vivaz de lo habitual, se apresuró a añadir—: Le docteur John l’a-t-il vue dernièrement? Non, n’est-ce pas[97]?
Por supuesto, nadie en la casa conocÃa mejor que ella la respuesta.
—Está bien —prosiguió—, voy a salir pour faire quelques courses en fiacre[98]. Pasaré por el domicilio del doctor John y le pediré que visite a la niña. Me aseguraré de que la vea esta misma tarde; sus mejillas están rojas, su pulso es rápido: usted lo recibirá… yo estaré fuera de casa.
La niña se encontraba bien, sólo tenÃa calor porque era el mes de julio; era casi tan innecesario avisar a un cura para que le diera la extremaunción como avisar a un médico para que le recetara un medicamento; por otra parte, era muy poco frecuente que madame hiciera sus courses, como las llamaba ella, por la tarde: es más, aquélla era la primera vez que se ausentaba voluntariamente durante una visita del doctor John. Todo aquel arreglo indicaba la existencia de un plan; en seguida lo comprendÃ, pero sin la menor inquietud. «¡Ja, ja, madame! —rió el alegre mendigo—, su astuto ingenio va mal encaminado[99]».