Villette
Villette —Pero ¿quién lo arrojó? —continuó Rosine, inquiriendo sin ambages lo que yo tanto deseaba saber, pero no tenÃa ni la habilidad ni el valor de expresar: ¡qué camino tan corto recorren algunos para llegar a un punto que a otros les parece inalcanzable!
—Ése puede ser mi secreto —repuso el doctor John lacónicamente, pero sin ninguna altanerÃa: parecÃa comprender muy bien el carácter de Rosine.
—Mais en fin —dijo ella, con aire desenvuelto—, monsieur sabÃa que alguien lo habÃa tirado, puesto que salió en su búsqueda. ¿Cómo se enteró?
—Estaba atendiendo a un pequeño paciente del colegio vecino —dijo él— y vi cómo tiraban el cofrecillo desde la ventana de su habitación; por eso vine a recogerlo.
¡Qué explicación tan simple! La carta hablaba de un médico que en aquellos momentos examinaba a «Gustave».
—Ah ça! —exclamó Rosine—. Il n’y a donc rien là -dessous: pas de mystère, pas d’amourette, par example?
—Pas plus que sur ma main —contestó el doctor John, mostrando la palma.
—Quel dommage! —dijo la modistilla—; et moi, à qui tout cela commençait à donner des idées.
—Vraiment! Vous en êtes pour vos frais[104] —repuso frÃamente el médico.