Villette
Villette Además, gracias a la escena anterior, yo había descubierto algo relacionado con el cofrecillo de marfil: a saber, que la culpa de que el doctor John tuviera el corazón destrozado no era de aquel vestido de jaconas, rosa o gris, ni de aquel delantal con bolsillos y volantes. Era ostensible que aquellas prendas eran tan inocentes como el pequeño blusón azul de Georgette. Tanto mejor. Pero entonces ¿quién era culpable? ¿Cuál era el motivo? ¿Cuál el origen y la verdadera explicación de todo el asunto? Algunos puntos se habían aclarado, pero ¡cuántos seguían siendo tan oscuros como la noche!
«Sin embargo —me dije—, no es asunto tuyo».