Villette
Villette —¿Qué le gustarÃa este año? —quiso saber su lugarteniente parisina.
—¡Oh, qué más da! OlvÃdelo. No les quite a las pobres niñas sus francos —contestó madame, con expresión modesta y benévola.
La señorita St Pierre sacó la barbilla; conocÃa muy bien a madame; sus aires de bonté no eran más que des grimaces[109] para ella. Jamás le inspiraban el menor respeto.
—Vîte! —exclamó frÃamente—. DÃgame lo qué desea. ¿Alguna joya o porcelana, alguna prenda de vestir o plata?
—¡Está bien! Deux ou trois cuillers et autant de fourchettes en argent[110].
Y el resultado fue un hermoso estuche que contenÃa trescientos francos en cubiertos de plata.
El programa del dÃa de fiesta era el siguiente: entrega del regalo, refrigerio en el jardÃn, representación de una obra teatral (en la que actuaban alumnas y profesores), baile y cena. Recuerdo que todo me parecÃa maravilloso. Zélie St Pierre sabÃa lo que hacÃa y lo organizaba hábilmente.