Villette
Villette Sin embargo, con aquel sombrÃo vestido, me sentÃa cómoda y tranquila; una ventaja de la que no habrÃa disfrutado con otro traje más alegre y llamativo. Madame Beck impidió, asimismo, que me sintiera avergonzada; su atuendo era casi tan discreto como el mÃo, aunque ella lucÃa una pulsera y un enorme broche de oro y piedras finas. Nos encontramos casualmente en la escalera y me obsequió con una sonrisa de aprobación. No creo que pensara que yo tenÃa buen aspecto —algo que difÃcilmente atraerÃa su interés—, pero sà que vestÃa convenablement, décemment, y la Convenance y la Décence[117] eran las dos serenas deidades que madame veneraba. Incluso se detuvo, apoyó en mi hombro una mano enguantada, en la que sostenÃa un pañuelo bordado y perfumado, y me dijo al oÃdo unas palabras sarcásticas sobre las demás profesoras (a las que acababa de felicitar por su indumentaria).
—No hay nada tan absurdo —exclamó— como des femmes mûres que se visten igual que a los quince años. Quant à la St Pierre, elle a l’air d’une vieille coquette qui fait l’ingénue[118].