Villette
Villette Después, con cierta cortesÃa severa (supongo que creÃa que yo no habÃa captado el sentido de su desconsiderado comentario) y en la jerga más execrable que jamás habÃa oÃdo, exclamó:
—Señorita… tiene que actuar: no me moveré de aquÃ.
—¿Qué puedo hacer por usted, monsieur Paul Emanuel? —pregunté, pues se trataba de él, y en un estado de no poca agitación.
—Tiene que actuar en la obra. No le permitiré echarse atrás, ni fruncir el ceño, ni hacerse la remilgada. Leà su cráneo la noche en que llegó; conozco sus moyens[121]: puede actuar; tiene que actuar.
—Pero ¿cómo, monsieur Paul? ¿Qué quiere usted decir?
—No tenemos tiempo que perder —prosiguió, hablando en francés—; nada de objeciones, excusas, minauderies[122]. Tiene que interpretar un papel.
—¿En el vodevil?
—En el vodevil. Usted lo ha dicho.
Lancé un grito, horrorizada. ¿Qué pretendÃa aquel hombre?
—¡Escuche! —exclamó—. Le expondré el caso y luego me contestará sà o no; en función de su respuesta, conquistará o no mi aprecio para siempre.