Villette
Villette Sin decir nada más, monsieur Paul cogió el traje de manos de Zélie St Pierre, me lo dio, y me permitió pasar al vestuario. Una vez allÃ, me tranquilicé y, con toda serenidad, me puse manos a la obra. Dejando mi vestido de mujer tal como estaba, me limité a ponerme encima un pequeño chaleco, un cuello, un corbatÃn y un gabán bastante pequeño; el propietario de todo aquello era el hermano de una de las alumnas. Después de soltarme las trenzas, peiné mis largos cabellos hacia atrás y me hice la raya a un lado; cogà el sombrero y los guantes, y salÃ. Monsieur Paul me esperaba, y también las demás. Él me miró.
—Para un pensionnat, puede pasar —dictaminó, antes de añadir con cierta amabilidad—: Courage, mon ami! Un peu de sang froid - un peu d’aplomb, monsieur Lucien, et tout ira bien[130].
St Pierre sonrió de nuevo despectivamente, con su frialdad de serpiente.
Yo estaba irritable, por culpa de la emoción, y no pude evitar volverme y decirle que, de no ser ella una dama y yo un caballero, la retarÃa a un duelo.
—Después de la obra, después de la obra —señaló monsieur Paul—. Entonces les prestaré mis dos pistolas y zanjaremos la disputa como es debido: sólo será la vieja pelea entre Francia e Inglaterra.