Villette
Villette No creas, lector, que sólo florecía y brillaba de ese modo para complacer a monsieur Paul, su pareja, ni que prodigaba todas aquellas gracias para servir de ejemplo a sus compañeras, o a los padres y abuelos que abarrotaban el carré y el salón de baile. En circunstancias tan insulsas y limitadas, con motivos tan fríos y banales, Ginevra no se habría dignado bailar siquiera una contradanza, y el hastío y la irritabilidad habrían reemplazado su animación y buen humor, pero advirtió la presencia de una levadura —en la, por lo demás, pesada masa festiva— que avivaba el conjunto; probó un condimento que le daba sabor; reconoció que había razones que justificaban el despliegue de sus más exquisitos atractivos.