Villette
Villette —¿Por qué motivo?
—Porque… porque —en un susurro— tiene unas patillas… naranjas… rojas… ¡por eso!
—El crimen ha salido a la luz —añad×. Da igual, señálemelo de todos modos; le prometo que no me desmayaré.
Ginevra miró a uno y otro lado. Justo en ese momento, alguien habló en inglés detrás de nosotras.
—Están las dos en una corriente de aire; será mejor que se vayan de este pasillo.
—No hay corriente, doctor John —dije, dándome la vuelta.
—Ella se resfrÃa con tanta facilidad… —prosiguió él, mirando a Ginevra con suma cortesÃa—. Es muy delicada; tenemos que cuidarla: tráigale un chal.
—PermÃtame que sea yo quien lo decida —exclamó la señorita Fanshawe, con altivez—. No quiero ningún chal.
—Su vestido es ligero, ha estado bailando, está acalorada.
—Siempre con sus sermones —contestó ella—; siempre mimándome y reprendiéndome.