Villette
Villette La respuesta que hubiera dado el doctor John no salió de su boca; la expresión de sus ojos, sombrÃos, apenados, afligidos, manifestaba que se sentÃa dolido; se dio la vuelta, pero conservó la calma. Yo sabÃa dónde habÃa montones de chales muy cerca; fui corriendo a buscar uno.
—Lo llevará si tengo fuerzas para obligarla —dije, envolviendo con él su vestido de muselina, cubriendo cuidadosamente su cuello y sus brazos—. ¿Es él Isidore? —pregunté a Ginevra, con un susurro algo exaltado.
Ella hizo un mohÃn, sonrió y movió la cabeza.
—¿Es él Isidore? —repetÃ, dándole una pequeña sacudida: podrÃa haberle dado una docena.
—C’est lui même —contestó—. ¡Qué vulgar resulta comparado con el conde coronel! Y encima, oh, ciel[135]!, ¡esas patillas!
El doctor John se alejó.