Villette
Villette —No.
—¿Por qué?
—Lo encuentro extraño.
—¿Por mi rostro, señora?
—Por su rostro y por todo lo demás. Tiene el pelo largo y rojo.
—Color caoba, si no le importa. Mamá dice que es de color caoba o dorado, y también todos sus amigos. Pero, incluso con el «pelo largo y rojo» —y agitó su cabellera con una especie de gesto triunfal; sabÃa perfectamente que era leonada, y estaba orgulloso de su color—, no soy más extraño que usted, señora.
—¿Está diciendo que me encuentra extraña?
—Desde luego.
—Creo que me iré a la cama —exclamó la niña, tras una pausa.
—Una personita como usted deberÃa haberse ido a la cama hace horas, pero probablemente se habrá quedado porque querÃa conocerme.
—De ningún modo.
—Sin duda deseaba disfrutar del placer de mi compañÃa. SabÃa que volvÃa a casa y ha querido conocerme.
—Me he quedado porque querÃa estar con papá, no con usted.