Villette
Villette —Muy bien, señorita Home. Me convertiré en su amigo predilecto; me atrevo a decir que pronto me preferirá a su papá.
Paulina nos deseó buenas noches a la señora Bretton y a mÃ, y parecÃa dudar de si Graham tenÃa derecho a recibir la misma atención cuando él la cogió con una mano y, valiéndose de ella, la levantó por encima de su cabeza. La pequeña se vio a sà misma aupada en alto en el espejo que habÃa sobre la chimenea. Lo inesperado de aquella acción, la libertad que se habÃa tomado Graham y la falta de respeto que suponÃa, fueron demasiado para ella.
—¡Qué vergüenza, señor Graham! —protestó indignada—. ¡Bájeme! —y cuando estuvo de nuevo en el suelo, agregó—: Me gustarÃa saber qué pensarÃa usted de mà si lo tratara de esa forma, y lo levantara con una mano —alzó esa poderosa extremidad— como Warren levanta al gatito.
Y después de decir estas palabras, se retiró.