Villette
Villette Lo cierto es que estaba completamente equivocado. Yo no concedÃa —no podÃa hacerlo— el mismo valor que él a la admiración y a la buena opinión de los espectadores del dÃa siguiente. Si hubiese tenido entre aquel público tantos amigos personales y tantos conocidos como él, no sé qué habrÃa pensado: me limito a exponer el caso como era. Para mà los triunfos escolares sólo despedÃan un frÃo destello. Me sorprendÃa, y seguÃa sorprendiéndome, que para él parecieran brillar como el calor y el fuego del hogar. Quizá a él le importaban demasiado y a mÃ, demasiado poco. Sin embargo, al igual que monsieur Paul, yo tenÃa mis propias fantasÃas. Me gustaba, por ejemplo, verlo celoso; aquello encendÃa su naturaleza y despertaba su espÃritu; arrojaba toda clase de extrañas luces y sombras en su oscuro semblante, y en sus ojos entre celeste y violeta (solÃa decir que su cabello negro y sus ojos azules eran une de ses beautés). HabÃa cierto deleite en su ira; carecÃa de malicia, y era vehemente, muy poco razonable, pero jamás hipócrita. No desmentà entonces la satisfacción que él me atribuÃa; me limité a preguntarle cuándo tendrÃa lugar el examen de inglés, al principio o al final del dÃa.