Villette
Villette —No sé si a primera hora —respondió—, antes de que llegue mucha gente, a fin de que su carácter ambicioso no se vea recompensado con un público numeroso, o al final de la jornada, cuando todos los espectadores estén cansados y apenas les queden fuerzas para prestarle atención.
—Que vous êtes dur, monsieur[137]! —exclamé, fingiendo abatimiento.
—Hay que ser duro con usted. Es uno de esos seres a los que hay que refrenar. ¡La conozco! ¡La conozco! Otras personas de esta casa la ven pasar, y creen que ha pasado una sombra gris. Yo examiné su rostro una vez, y fue suficiente.
—¿Está seguro de conocerme?
Sin contestar directamente, él prosiguió:
—¿No le complació su éxito en aquel vaudeville? Yo la observé, y vi en su fisonomÃa un ardiente entusiasmo por el triunfo. ¡Qué fuego habÃa en su mirada! No era simple luz, sino llama: je me tins pour averti[138]!