Villette
Villette Lector religioso, largo será el sermón que me dedicarás por lo que acabo de escribir, también tú, moralista; y lo mismo ocurrirá contigo, severo erudito; tú, estoico, fruncirás el ceño; tú, cÃnico, me mirarás con desprecio; tú, epicúreo, te reirás. Bueno, haced lo que queráis. Acepto el sermón, el ceño, el desprecio y la risa; tal vez tengáis razón: y es posible que, en mis circunstancias, hubierais estado tan equivocados como yo. Lo cierto es que el primer mes no pudo ser más largo, triste y sombrÃo.
La crétine no parecÃa desgraciada. Yo hacÃa cuanto estaba en mis manos para que no pasara frÃo y estuviera bien alimentada, y lo único que ella pedÃa era comida y sol, y un buen fuego cuando éste faltaba. A sus débiles facultades les agradaba la inactividad: su cerebro, sus ojos, sus oÃdos, su corazón dormÃan contentos; no podÃan despertarse para trabajar, de modo que el letargo era su ParaÃso.