Villette
Villette Las tres primeras semanas de aquellas vacaciones fueron cálidas y soleadas, pero la cuarta y la quinta fueron tempestuosas y trajeron lluvia. Ignoro por qué aquel cambio en la atmósfera me causó una impresión tan cruel, por qué el furor de la tormenta y la violencia de la lluvia me sumieron en una parálisis mayor que la que había padecido cuando el aire estaba sereno: pero así fue, y mi sistema nervioso pareció incapaz de soportar por más tiempo aquella angustia que le había atenazado día y noche en la gigantesca casa vacía. ¡Cómo rezaba al Cielo en busca de ayuda y consuelo! ¡Cuán firme era mi convicción de que el Destino era mi sempiterno enemigo, y jamás podría reconciliarme con él! En el fondo de mi corazón, no culpaba de ello a la misericordia o a la justicia de Dios; llegué a la conclusión de que era parte de su grandioso plan para que algunos sufrieran amargamente en la tierra, y me emocionaba al tener la certeza de que yo estaba entre ellos.