Villette
Villette —¡Qué perrito tan mono! —exclamó ella, encantada.
Graham tuvo la prudencia de no hacerle caso. La pequeña no tardó en abandonar su rincón silenciosamente y en acercarse al tesoro para examinarlo mejor. Los enormes ojos y las largas orejas del perro, y el sombrero y las plumas del niño, eran irresistibles.
—¡Bonito dibujo! —fue su favorable crÃtica.
—Está bien… puedes quedártelo —dijo Graham.
Ella pareció vacilar. El deseo de ser su dueña era muy fuerte, pero aceptarlo habrÃa comprometido su dignidad. No. Lo dejó en el suelo y se dio la vuelta.
—Entonces, ¿no lo quieres, Polly?
—Mejor no, gracias.
—¿Sabes lo que haré con el dibujo si no lo aceptas?
Ella se volvió a medias para escuchar su respuesta.
—Lo cortaré en tiras para encender las velas.
—¡No!
—Claro que sÃ.
—No, por favor.
Graham se mostró inexorable al oÃr el tono de súplica; cogió las tijeras del costurero de su madre.