Villette
Villette Yo acepté su ofrecimiento, y bajamos juntas un tramo de escalones alfombrados hasta llegar a una puerta de gran altura, abierta de par en par, por la que se accedÃa al cuarto tapizado de damasco azul. ¡Qué acogedor resultaba con aquel aire tan hogareño! ¡Qué cálido con su luz ambarina y su fuego bermellón! Para que la escena acabase de ser perfecta, el té nos esperaba sobre la mesa: un té inglés, cuyo brillante servicio me miraba con familiaridad; desde el sólido y antiguo recipiente de plata para calentar el té y la enorme tetera del mismo metal, hasta las delicadas tazas de oscura porcelana con dibujos purpúreos y dorados. Reconocà también la torta de semillas aromáticas de forma especial, preparada en un molde especial, que nunca faltaba en la mesa de los Bretton. A Graham le encantaba; y allà estaba, como en los viejos tiempos, delante de su plato, junto al cuchillo y al tenedor de plata. De modo que esperaban a Graham para el té: tal vez estuviera ya en la casa; en seguida podrÃa verlo.
—Siéntese, siéntese —exclamó la señora Bretton, advirtiendo mi paso vacilante cuando pasé junto a la chimenea.