Villette
Villette —Entonces, besaré tu mano —dijo él; pero en ese momento, la mano se convirtió en un pequeño puño y le pagó con una moneda que no era precisamente un beso.
Graham, que a su modo era tan astuto como su pequeña compañera de juegos, retrocedió simulando un gran desconcierto; se desplomó en un sofá y, apoyando la cabeza en el cojÃn, aparentó un gran dolor. Al advertir su silencio, Polly se asomó para mirarlo. Graham se cubrÃa los ojos y la cara con las manos. Polly se dio la vuelta y, sin abandonar las rodillas de su padre, miró detenidamente a su enemigo con expresión preocupada. Graham gimió.
—Papá, ¿qué le ocurre? —susurró ella.
—Será mejor que se lo preguntes a él, Polly.
—¿Está herido? —inquirió al escuchar un segundo gemido.
—Eso parece, por el ruido que hace —contestó el señor Home.
—Madre —dijo Graham con voz débil—, deberÃa mandar a buscar al médico. ¡Ay, mi ojo!
De nuevo reinó el silencio, interrumpido tan sólo por los suspiros de Graham.
—¿Y si me quedo ciego? —exclamó el joven.
Aquellas palabras resultaron insoportables para quien antes le habÃa escarmentado. La niña acudió inmediatamente a su lado.