Villette
Villette —Pues en unas circunstancias que me dejaron perplejo. HabÃa estado todo el dÃa atendiendo un caso especialmente interesante y realmente crÃtico; la enfermedad era rara y su tratamiento, dudoso: habÃa visto un caso similar y todavÃa más llamativo en un hospital de ParÃs; pero ¿qué puede eso importarle a usted? Cuando, finalmente, los sÃntomas más alarmantes del paciente remitieron (el dolor agudo es uno de ellos), pude regresar a casa. El camino más corto atravesaba la Basse-Ville y, como la noche era terriblemente oscura, llovÃa y soplaba un fuerte viento, decidà ir por él. Al pasar junto a una vieja iglesia de la comunidad de las Beguinas[158], vi, bajo la farola del porche o del profundo arco de entrada, a un sacerdote levantando algo en sus brazos. HabÃa suficiente luz para distinguir sus facciones, y yo lo reconocÃ; es un hombre que he encontrado a menudo a la cabecera de mis pacientes, ricos y pobres, sobre todo de estos últimos. Creo que es un buen anciano, mucho mejor que la mayorÃa de los de su clase en este paÃs; superior en todos los sentidos: más culto y más consagrado a su deber. Nuestros ojos se encontraron, me pidió que me detuviera; lo que sostenÃa era una mujer, no sé si desvanecida o agonizante. Me bajé del carruaje.
»—Es compatriota suya —me dijo—; sálvela si todavÃa sigue con vida.