Villette
Villette »Mi compatriota, tal como descubrà al examinarla, resultó ser la profesora de inglés del internado de madame Beck. Estaba completamente inconsciente, increÃblemente pálida, casi frÃa.
»—¿Qué ha pasado? —pregunté al sacerdote.
»Su explicación fue muy extraña: que habÃa estado usted aquella tarde en su confesionario; que su aspecto extenuado y afligido, unido a algunas cosas que usted le habÃa dicho…
—¿Que yo le habÃa dicho? ¡Me gustarÃa saber qué cosas!
—Algo espantoso, sin duda; pero no me lo contó: el secreto de confesión selló sus labios y contuvo mi curiosidad. Sus confidencias, sin embargo, no le habÃan indispuesto con usted; parecÃa tan impresionado, y lamentaba tanto imaginarla sola por las calles en una noche semejante, que consideró su deber cristiano vigilarla cuando saliera de la iglesia, y no perderla de vista hasta que llegara a casa. Es posible que el buen sacerdote, medio inconscientemente, mezclara con ese proceder un poco de la sutileza que caracteriza a los de su clase: tal vez quisiera saber dónde vivÃa… ¿Se lo dijo usted al confesarse?