Villette
Villette —No: por el contrario, evité cuidadosamente darle la menor indicación; en cuando a lo de confesarme, doctor John, supongo que pensara que estoy loca por haber dado ese paso, pero no pude evitarlo: imagino que fue culpa de lo que usted llama mi «sistema nervioso». Soy incapaz de expresarlo con palabras, pero mis dÃas y mis noches se habÃan vuelto insoportables; me embargaba un sentimiento terrible de desolación: pensaba que, si no lo arrancaba de cuajo, seguirÃa creciendo hasta matarme… Del mismo modo (y esto lo comprenderá usted muy bien, doctor John) que la sangre que pasa por el corazón busca otra vÃa de escape cuando un aneurisma u otra causa patológica obstruyen sus cauces naturales. Necesitaba compañÃa, necesitaba amistad, necesitaba el consejo de alguien. No podÃa encontrarlos en una alcoba ni en un dormitorio, asà que los busqué en una iglesia y en un confesionario. En cuanto a lo que dije allÃ, no fue ninguna confidencia, ningún relato. No he hecho nada malo: mi vida ha sido demasiado monótona para perpetrar alguna oscura acción, real o imaginaria; todo cuanto revelé fue una queja sombrÃa y desesperada.
—Lucy, deberÃa pasar seis meses viajando; ¡su naturaleza reposada se está volviendo tan excitable! ¡Maldita sea madame Beck! ¿Acaso esa rolliza viuda no tiene entrañas? ¿Cómo ha podido condenar a su mejor profesora a semejante reclusión?