Villette
Villette El uno estaba frente al otro, cada uno a un lado de la chimenea; sus palabras no parecían amables, pero sus miradas subsanaban cualquier deficiencia verbal. El mayor tesoro de la señora Bretton estaba encerrado en el pecho de su hijo; su pulso más querido latía con fuerza en el corazón de Graham. En cuanto a él, otro amor, como es natural, compartía sus sentimientos con el amor filial; y, como la nueva pasión era la más reciente, le asignó en sus emociones la ración de Benjamín[161]. ¡Ginevra! ¡Ginevra! ¿Sabía ya la señora Bretton ante qué joven ídolo se había postrado su hijo? ¿Le parecería bien a ella esa elección? Yo no podía decirlo; pero estaba segura de que si hubiera visto el comportamiento de la señorita Fanshawe con Graham, la alternancia entre frialdad y zalamería, rechazo y seducción; si hubiera podido sospechar hasta qué punto le ponía a prueba y le hacía sufrir; si hubiera podido ver, al igual que yo, su ánimo apagado y maltrecho, y cómo ella prefería a un ser muy inferior, y lo humillaba ante él… entonces a la señora Bretton Ginevra le habría parecido estúpida o inmoral, o las dos cosas. Bueno… lo cierto es que yo también pensaba eso.