Villette
Villette —Sin embargo, ya ve —prosiguió el doctor John—, puedo consolarla a usted, pero no a mà mismo; no puedo esperar que Ginevra me haga justicia. De Hamal es un ser despreciable, pero me temo que a ella le gusta: ¡vana ilusión!
Mi paciencia se agotó de pronto, sin previo aviso. Supongo que la enfermedad y el agotamiento la habÃan desgastado y vuelto muy quebradiza.
—Doctor Bretton —estallé—, ¡no hay más vana ilusión que la suya! En todas las cuestiones es usted un hombre franco, sano, perspicaz y juicioso, menos en una: en esa única cuestión, no es más que un esclavo. En cuanto se refiere a la señorita Fanshawe, no merece el menor respeto; y yo no se lo tengo.
Me levanté y salà del salón muy agitada.