Villette
Villette Casualmente, Graham no iba a desayunar con nosotros; tenÃa que acabar unos ejercicios para la clase de la mañana y habÃa pedido a su madre que le llevaran una taza de té al estudio. Polly se ofreció voluntaria para hacerlo; necesitaba estar ocupada, cuidar de alguien. Se le confió la taza, pues, a pesar de su nerviosismo, era una niña muy cuidadosa. Como la puerta del estudio estaba enfrente de la nuestra, al otro lado del pasillo, seguà a la pequeña con la vista.
—¿Qué haces? —quiso saber Polly, deteniéndose en el umbral del estudio.
—Estoy escribiendo —dijo Graham.
—¿Por qué no vienes a desayunar con tu mamá?
—Tengo trabajo.
—¿Quieres tomar algo?
—Por supuesto.
—Pues aquà lo tienes.
Y Polly depositó la taza en la alfombra, al igual que un carcelero deja al preso una jarra de agua al otro lado de la puerta de su celda, y se retiró. No tardó en volver.
—¿Qué más deseas aparte del té? ¿Algo de comer?
—SÃ, algo que esté bueno. Tráeme algo especialmente rico, ¡qué mujercita tan amable!
Polly regresó junto a la señora Bretton.