Villette
Villette —Por favor, señora, deme algo bueno para su hijo.
—Elige tú, Polly; ¿qué le vas a llevar?
La niña eligió un pedazo de lo mejor que habÃa en la mesa, y no tardó en volver para pedir en un susurro un poco de mermelada, que no se habÃa servido. Tras conseguirla (pues la señora Bretton no negaba nada a aquella pareja), en seguida oÃmos a Graham poniendo a la pequeña por las nubes, prometiéndole que, cuando tuviera una casa propia, ella serÃa su ama de llaves y quizá, si mostraba algún talento culinario, su cocinera. Como la niña no volvÃa, fui a buscarla, y encontré a los dos desayunando tête-à -tête; uno al lado del otro y compartiendo todo, excepto la mermelada, que ella se negó educadamente a probar; supongo que por temor a que pareciera que la habÃa pedido tanto para sà misma como para él. Polly manifestaba siempre una exquisita sensibilidad y una gran delicadeza.