Villette
Villette Pues bien, estaba yo sentada contemplándola con asombro (ya que habÃa un banco, me pareció oportuno aprovecharlo), pensando que, aunque algunos detalles —las rosas, las copas de oro, las joyas, etc…— estaban pintados con gracia, el conjunto era un adefesio; la sala, casi vacÃa a mi llegada, empezaba a llenarse. Sin darme cuenta de eso (pues carecÃa de importancia para mÃ), me quedé en mi asiento; más para descansar que para examinar a aquella enorme reina gitana de tez oscura, de la que pronto me aburrÃ. Dirigà entonces la mirada hacia unos pequeños bodegones, realmente exquisitos: flores y frutos silvestres, y nidos cubiertos de musgo, repletos de huevos como perlas en un agua verdemar y cristalina; colgaban humildemente bajo aquel tosco y ridÃculo lienzo.
De pronto sentà una ligera palmada en el hombro. Me volvà sobresaltada y vi un rostro que se inclinaba hacia mÃ; un rostro ceñudo, casi indignado.
—Que faites-vous ici? —dijo una voz.
—Mais, monsieur, je m’amuse.
—Vous vous amusez! Et à quoi, s’il vous plait? Mais d’abord, faites-moi le plaisir de vous lever: prenez mon bras, et allons de l’autre côté[167].