Villette
Villette —Tome estas flores, Lucy —exclamó, dándome un ramillete.
No prestó más atención a mi vestido que la reflejada en una amable sonrisa y en un gesto satisfecho, lo que calmó al instante mi sentimiento de vergüenza y mi miedo al ridÃculo. Por lo demás, el traje era sumamente sencillo, sin volantes ni plisados; lo que me intimidaba era la ligereza de su tela y su color encendido, pero, como Graham no vio nada absurdo en él, me resigné muy pronto a llevarlo.